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  • Olivia León Huacuja

Dudas Razonables

Actualizado: 17 mar

Por: Olivia León Huacuja



Empezar a entender los temas de cárceles, su población y el sistema de justicia en México me tomó varias lecturas y muchas invitaciones por cafés con expertas y activistas sobre este tema. Entusiasmadas por hablar del tema, me explicaron una de las muchas láminas de un México profundamente injusto: su sistema de justicia.


Una frase me quedó tatuada: “supongamos que quienes están en la cárcel sí son culpables. Ni siquiera así se merecen esto”. Fiel a una inocencia previa de conocer el sistema de las cárceles en México, dudé: “¿y si no son culpables?”. Nos quedamos heladas. Porque si son inocentes, este infierno es una declaración de guerra a la justicia.


Tiempo después, un amigo abogado me dijo “Si tuviera que elegir, yo preferiría que haya cien culpables fuera de la cárcel que una persona inocente dentro”. Este intercambio imaginario me hizo, de nuevo, dudar: ¿Por qué mi amigo, defensor férreo de la justicia, tenía tan claro que un mundo así sería imperdonable? La respuesta: porque lo normal en este país es que haya cien culpables fuera y otras cien inocentes dentro. Lo normal es que no exista una diferencia entre inocentes y culpables. Si un sistema permite que esta diferencia parezca inexistente o irrelevante, éste es un sistema que no aprecia la libertad, la justicia, ni la vida misma. Ese, es un sistema roto de pies a cabeza.


La presunción de inocencia es uno de los principios más básicos del derecho. Es un principio valioso porque a todas nos reconoce como inocentes hasta que, después de un proceso de investigaciones de calidad, se considere que somos culpables, sí así lo demostraran las pruebas. En México, ese principio funciona al revés: son las personas inocentes quienes deben demostrar que son inocentes. Y es así como se manda al diablo el principio de presunción de inocencia.


Imagínese, por favor, tener que demostrar que usted no se robó los 10 mil pesos que estaban en una caja frente a usted. ¿Cómo muestra que no lo hizo? Debe demostrar la ausencia de un acto, la falta de pruebas de quien le acusó, que, más allá de toda duda razonable, usted no podría haber hecho eso. Confuso, ¿cierto? Sí. El sistema de justicia penal mexicano es confuso y solo se puede navegar bien teniendo mucho, mucho conocimiento y, en el mejor de los casos, buenas intenciones. Muchas veces las personas no pueden conseguir una defensa buena que defienda lo indefendible en un sistema así de roto: su inocencia.


En Duda razonable, la serie dirigida por Roberto Hernández, vemos uno de los vértices de este monstruo de injusticias. Cuatro hombres pierden su libertad en manos de las autoridades mexicanas por un delito que no cometieron. No solo son víctimas de malos tratos, no solo les quitaron sus trabajos y sus futuros, les arrebataron su libertad y una vida entera junto a sus seres queridos. Esta serie abre la ventana para que quienes estamos fuera de cárcel veamos algunas piezas de un ciclo de eventos sumamente desafortunados dentro de un sistema quebrado.


De las cosas que me quedan claras después de conocer casos como los de Presunto culpable, Duda razonable, el de Florence Cassez o el de las mujeres de Atenco (por nombrar algunos mediáticos) es que no son los únicos del tipo. En un mar de violencias, México no se especializa en la protección de la justicia, sino en ser una fábrica incansable de culpables. En lo que sí va de gane este país es en la cantidad de personas, organizadas o no, que protegen los derechos de muchas otras afectadas por las violencias de ese sistema roto, entre ellas, por ejemplo, el Centro Prodh, Tlachinollan, la Brigada Nacional de Personas Desaparecidas, ReverdeSer, y tantas (muchísimas) más.


Desde OCUPA queremos apoyar a la población privada de la libertad y buscamos tomar acciones sobre algunos temas cruciales en un México agonizante, como la prevención de violencias a través de la reinserción social, apoyo psicológico y proyectos culturales. Queremos buscar soluciones para que quienes alguna vez entraron a la cárcel no vuelvan a delinquir. Sabemos que un México en paz es un México que busque cómo incluir, integrar y brindar oportunidades a las personas más desventajadas. Es un reto, sí. ¿Te unes?








Posdata: Este mes, el ministro Zaldívar atrajo el caso de Gonzalo, Darwin, Héctor y Juan Luis (de los que trata Duda razonable). Falta ver el resultado de este proceso, pero enhorabuena al equipo de esa serie documental por visibilizar algo que hay que cambiar radicalmente (además de que está muy bien hecha).

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